…Que una sonrisa no tiene precio

Dicen por ahí que una sonrisa no tiene precio, que ni el mejor regalo puede asemejarse a la felicidad provocada.
Es época de regalos y momentos en familia, época para estar felices y compartir nuestras ilusiones con los nuestros. Por eso utilizamos estas fechas para hacer excepciones y no nos importa apretarnos un poco el cinturón para comprar un regalo que sabemos que realmente hace ilusión, que es deseado pero a su vez no esperado. Todos intentamos sorprender a los nuestros, siempre disimulamos intentando hacer ver que eso que querían no se pudo conseguir, para después, a la hora de abrir los regalos verlos sonreír de sorpresa y felicidad.
A unos les puede hacer ilusión una pelota y a otros una moto, a unos una fotografía y a otros un televisor, en cualquiera de los casos, en estas fechas hacemos lo posible (y lo imposible) para conseguir hacer realidad esa ilusión.
Quizá en eso nos hayan mal educado, puesto que lo que hacemos es gastar nuestros humildes sueldos en comprar ilusiones y hacer un poco más ricos a los comercios, pero ¿a caso tiene precio ver sonreír a un niño cuando encuentra en el porche su primera bicicleta rodeada por un gran lazo rojo?
Conclusión, lo mejor que podemos hacer es intentar vivir estas fiestas junto a los nuestros, intentar dar todo lo mejor que podamos y olvidarse de la cuenta bancaria, porque a fin de cuentas, todo es papel y números impresos.