… Que la procesión se lleva por dentro

Dicen por ahí que la procesión se lleva por dentro, que uno puede parecer muy contento pero realmente estar destrozado.
Es un buen dicho ese, define muchas situaciones que se pueden vivir a diario. A mí, desgraciadamente me ha tocado sufrirla recientemente, hay ocasiones en las que uno tiene que decidir qué es lo más importante en la vida (yo no tengo duda) ocasiones en las que uno se muerde la lengua para no empezar una disputa y ocasiones en las que uno ya no aguanta más.
Siendo un poco generalista, opino que todos somos iguales, sin haber personas mejores o peores, pienso que por dentro todos llevamos lo mismo, y que haciendo desaparecer los roles de quien es el “jefe” y quien es el… digamos el “otro” podemos ver que cada uno vive su historia, historia en la que pueden aparecer terceras personas ocasionalmente, personas que no deberían interferir en ninguna decisión ni en ninguna opinión, porque al fin y al cavo es nuestra historia, yo puedo decidir si quiero ver todo de color de rosa o si no quiero ver nada de lo que hay ahí afuera, puedo opinar sin obligar a compartir mi opinión, aconsejar pero no obligar. Creo que necesitamos una dosis de humildad para ponernos en la posición de otros a los que a lo mejor hacemos daño con nuestros comentarios dictatorios y con nuestras historias manchadas de rencor y pesimismo.
Quizá, si el mundo fuese a terminar mañana nos daríamos cuenta de que los demás simplemente quieren vivir sus vidas, sus historias y que nosotros no debemos interferir en nada, solo pasar por sus vidas viviendo la nuestra, nuestra historia.