… Que la recta final es más difícil

Dicen por ahí que la recta final es más difícil, y es que ya sabes lo que viene y que queda poco, por eso en el último tramo del camino te desesperas con más facilidad.
Estoy hablando de estas últimas semanas, con 40 semanas de embarazo y todavía no quiere salir. Ha sido algo desesperante porque desde la semana 36 estamos a la expectativa para ver si de repente quería salir de ahí.
En estas últimas semanas me he imaginado la situación de diferentes maneras, uno puede pensar que va a ser padre y desde ese momento se carga de una gran responsabilidad pero no es eso lo que ha ocupado mi cabeza, sino más bien el pensar, o mejor dicho, el imaginar a ese pequeño ser humano indefenso y asustado porque acaba de salir de la tranquilidad y de repente se ve abrumado por una multitud de médicos y enfermer@s que le hacen de todo.
Pensar también el momento en el que esté en casa, cuando sonría o nos mire con atención y asimile quien son papá y mamá.
La gente a mí me dice “prepárate…” “ahora verás lo que es bueno” “no te queda nada…” pero ni me planteo esos momentos que todo el mundo me promete que llegarán, esos momentos de llantos o de despertarse cada dos horas, cuando haya que cambiar pañales o cuando tenga gases. Yo no pienso en eso, pienso en las cosas bonitas, en que por fin mamá podrá descansar de ese peso añadido en su cuerpo y en los paseos que daremos los tres, del centenar de fotografías que tendremos de esos momentos y en que todo va a salir bien y cuando menos me lo espere me está llamando papá.